El Quijote de Salman Rushdie

Ricardo Bellveser

La figura del Quijote ha provocado una gran fascinación entre los escritores, no solo del ámbito hispánico sino también de las más diversas nacionalidades y culturas, y por supuesto entre el lector en general, que ve en esta novela un magnífico ejemplo literario que imitar por su altura de miras y gracia para el análisis.

Por esta razón, ha sido también fuente de inspiración para aquellos que, a partir del modelo cervantino, han pretendido actualizarlo con nuevas historias e interpretaciones. Eso es lo que acaba de hacer el escritor indio cachemir Salman Rushdie (Bombay, 1947) con su Quijote (Ed. Seix Barral, Barcelona, 2020. Traducción al español de Javier Calvo), una extensa novela de 528 páginas, y con una elevada pretensión literaria, en la que propone la relectura de la obra de Miguel de Cervantes, adecuando su propósito, su formato y su filosofía al siglo XXI. Una obra llevada a cabo por un autor que estuvo en la órbita de los premios Nobel -en varias ocasiones se llegó a afirmar que el jurado había acordado concedérselo- pero la persecución moral y personal a la que es sometido por algunos fanáticos islamista, lo impidió.
Conviene recordar a los más desmemoriados que en 1981, a causa de la publicación de su novela Los versos satánicos, Rushdie fue condenado a muerte por una fatwa (edicto religioso) del ayatolá Jomeini. Una sentencia para castigar lo que los ayatolás interpretaban que había de blasfemia y apostasía en ese libro, amenaza que sigue activa sobre su cabeza, pues no ha sido revocada ni creo que nadie pueda hacerlo ya, y que es de aplicación tanto a él como autor, como a quienes se atrevieran a editarla en cualquier lengua o país del mundo. Su edición fue prohibida primero en la India y en Sudáfrica, y con el paso de los meses por una decena de países más



Ahora publica Quijote, novela obviamente inspirada en la obra española del siglo XVII, cuyo título no es que revele esto, sino que es una confesión directa. La obra cuenta la historia de Sam DuChamp, un americano de origen hindú que tiempo atrás tuvo ciertos éxitos como autor de novelas de espías y que ahora trabaja para su multimillonario primo R.K. Smile, transformado en un viajante de productos farmacéuticos, autorrebautizado como Quijote. Este personaje está enamorado de una estrella de la televisión, por lo que junto a su hijo (imaginario) Sancho, “se embarca en una aventura a través de Estados Unidos para probar que es merecedor de la mano de su doncella, enfrentándose a todo tipo de peligros, desde ciberespías rusos hasta racistas violentos, e incluso a la amenaza del fin del mundo”, peripecia en la que quiere demostrar su valor y su locura y se enfrenta a numerosos peligros, ninguno con molinos de viento, sino causas más contemporáneas y menos simbólicas.
Nada que añadir excepto que Rushdie se esfuerza por hacer su propuesta literaria, sin olvidar homenajear al texto clásico, y en esa tensión discurre su texto que tiene mucho de sátira sobre los EEUU, el mundo contemporáneo, sus valores y la decrepitud de una forma de entender la vida y los valores. Quijote, sus rarezas, su locura, su lucidez, su amor por la justicia y por Dulcinea, resultan rotundos, mientras que Sancho, el imaginario Sancho, referente de los hijos no tenidos, queda difuminado.
Ciertamente es una obra muy entretenida, escrita por un autor de gran experiencia, en la que el ejercicio de la crítica, el sarcasmo, la burla incluso y la valoración del mundo en el que vivimos, se convierte en el centro de la narración, como lo fue la de Cervantes en su momento. Para unos es la novela revelación, para otros, un ejercicio literario ameno pero superficial. En general, creo que no decepciona.
Son numerosos los intentos parecidos. En el siglo XX don Miguel de Unamuno hizo un ejercicio similar en su Vida de Don Quijote y Sancho, aunque a mí sobre todo me ha recordado a Monseñor Quijote, la novela que publicó Graham Green en 1982 en la que su personaje, basado en la vida de un cura gallego Enrique Zancas, recorre tierras españolas acompañado por el exalcalde comunista de El Toboso, con lo que se enfrentan religión y marxismo en una simpática tensión, en una historia plagada de discusiones y debates no ausentes de ambiciosa filosofía.
Rushdie, decía antes, ha estado varias veces a punto de conseguir el Premio Nobel, pero la aversión que le tiene el mundo islámico y la condena que pesa sobre él, han sido un obstáculo insalvable. Pero tampoco en esto es del todo original, pues hay que recordar las persecuciones que se llevaron a cabo contra Boris Pasternak, a quien se le concedió el Nobel tras la publicación de su Doctor Zhivago en 1958, pero al que tuvo que renunciar para salvar su vida. O el caso de Aleksandr Solzhenitsyn a quien le concedieron el Premio Nobel en 1970, pero el régimen soviético lo envió preso al Gulag, y no pudo ir a recoger su Premio por el peligro de no poder regresar a su país. O el egipcio Naguib Mahfuz, otro premio Nobel a quien se le acusó de blasfemia y lo condenaron a muerte por la publicación de su novela Hijos de nuestro barrio. Fue acuchillado en el cuello por un fanático.

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